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Montaña Rusa

La vida esta compuesta de momentos altos y momentos bajos.  En ocasiones usted no ha sentido que esta a punto de estallar de la alegría, una felicidad enorme le inunda desde lo más profundo de su corazón.  Esos momentos son tan disfrutados por las personas, que se olvidan de las situaciones difíciles por las cuáles ha pasado.  Es como un nuevo despertar, a una nueva vida, a una nueva oportunidad.  Es como el amanecer; como cuando las tinieblas cubren todo, pero a lo lejos comienza la luz a romper la obscuridad, y a distancia de minutos la claridad irrumpe por completo la negrura del cielo.  Que bello amanecer, con el cuál te prometes que hoy todo ira bien.

Esos momentos son hermosos, tanto así que desearías permanecer allí.  Es como la noche en que te casas, y decides que quieres construir toda una vida nueva, y diferente, con esa persona que amas.  En quién haz puesto tanta confianza que podría “arruinar” toda tu vida si así lo decidiera.  Pero, no importa, porque la escogiste por amor, y estas dispuesto a arriesgarlo todo.  Esa noche te casas, y esperas que ese momento en que están solos, en la habitación del hotel, sea la noche más larga de la historia.  Al parecer esa noche es corta, pasa tan rápida y desapercibida, que ni siquiera te da tiempo de detenerte a pensar en otra cosa que no tenga que ver con ese momento.  No importa que sea tu primera vez, hoy no tiene que ser, que importa si se ha esperado por años, el Amor que pernea el ambiente es mayor que cualquier deseo.  Es suficiente con mirar a tu ser amado.

Momentos hermosos, como ese día que compartiste con tu padre, madre, hermano, ser querido, o con un grupo de ellos.  Momentos grabados en lo más profundo de tu ser.  Momentos especiales que nunca olvidaras.  Personas que ya no están, que se mudaron, que se fueron a Dios, pero que antes dejaron huellas que los vientos más fuertes no podrán borrar de la arena de tu corazón.  Momentos jocosos.  Instantes “mágicos” donde la gloria de Dios posó al derredor y te dio el privilegio de ver algo realmente hermoso donde sólo hubo ruinas, dolor o pesar antes.

Momentos de Dios.  Momentos en que Dios decidió cambiar las circunstancias para que vieras un rayo de luz.

Sabes, no estoy viviendo esos momentos, hoy no es un día de esos que le llamo día de “instantes mágicos”.  Pero, no importa.  Porque se que vendrán días mejores.  Días que me harán olvidar el día de hoy.  Días de bendecir a Dios no por fe, sino por vista.  Los días de fe son estupendos, pero los de vista son espléndidos.  Esos días nos enseñan a tener más fe, y saber que nuestra fe no es ingenua, sino que hay un respaldo por parte de Mi Amigo el Rey.  Aprendemos a saber que nuestra fe tiene frutos visibles.

Hoy no es un día terrible, porque tengo fe.  Hoy es un día de fe.  Un día sin fe es terrible, es un catástrofe.
Hoy no tengo miedo del mañana, hoy tengo fe en un mejor mañana.  Porque tengo un amigo fuerte, Dios.

En los momentos de dificultad podemos sentir como el último suspiro de nuestra vida se escapa.  La agonía es larga.  La espera, agonizante.  El tiempo se escapa.  Y pareciera que en cámara lenta vivimos lo peor del mundo en nuestras vidas.  Pero, sabemos que todo esta transcurriendo tan rápido que no podemos parar, no podemos hacer nada.  Todo es tan rápido, que no podemos pensar en una solución.  Lloramos, gritamos, gemimos, agonizamos, morimos.  Pero, hey, sólo es la bajada de esta montaña rusa llamada vida. Prepárate, ahí viene la cuesta larga, y empinada, que nos subirá a la cima, donde podremos ver cosas hermosas.  Aunque sabemos que habrán más bajadas, las subidas valdrán la pena.  Porque un día, algún día, cuando nos llame el Padre de toda Nación a su morada, ese día estaremos en el pináculo de la cima.  El lugar más alto, donde la verdadera felicidad prevalece para siempre.