Alegría en Dios

Ciertamente vivimos en un mundo precioso, con paisajes hermosos, cuerpos de aguas tranquilizantes, flores preciosas y olorosas. Tantas cosas en la naturaleza son dignas de admiración y de nuestra atención. Pero, ninguna de ellas se comparan al creador, Su Majestad el Rey; creador del universo y todo lo que en él existe. Nuestro corazón debe alegrarse en Dios y no sólo en sus obras; sus obras pueden desaparecer, quizás por la mano de hombre que profana y contamina, pero el regocijo que existe en nuestras vidas causado por Dios, no debe desvanecer, no debe dejar de ser. Nuestra alegría radica en la existencia de Dios, no en sus dádivas y sus beneficios. Cuando comprendemos que dependemos del Dios vivo, único Señor de nuestras vidas, comprendemos que no estamos solos, no estamos acabados, no tenemos fin, sólo pasamos por tribulaciones momentáneas y pasajeras durante nuestra Estadía en La Tierra.