Una casa dividida

Lucas 11 habla sobre una casa dividida, un reino dividido, ambos no prevalecen. En este mensaje Jesús está afirmando que el no proviene del maligno. El defiende su integridad, su esencia, dando un ejemplo claro; si yo proviniera del mal, haría el mal. Mas por cuanto Jesús hizo bien, el proviene del bien, del Padre de las luces, en quién no hay mudanza, ni sobra de variación. No tenemos un Padre celestial bipolar, sino uno que fue, es y seguirá siendo igual; no es que sea algo estático, anticuado, ni nada por el estilo; es sólo que no es ambivalente, no depende del animo, del estrés, ni cosa similar.

La vida es algo complicada, es una especie de torbellino, que a veces esta lejos, y en otras eres arrastrado hacia el centro de la circunstancia; donde deberás tomar alguna decisión, o algunas. En esa medida, las casas son jamaqueadas, estremecidas; tanto lo que nos rodea, como los que nos rodean, nuestros seres cercanos, nuestros seres queridos, nuestros familiares. La Palabra de Dios establece que en vano trabaja el que edifica una casa si no la cimienta en el lugar correcto. Esta idea nos enseña que para no vivir en casas divididas debemos, oiga bien, debemos tener cimientos firmes, y no ambivalentes. Para tener un hogar estable, saludable, en todos los aspectos, debemos ser consistentes, perseverantes, inamovibles, y estar cimentados con la Palabra de Cristo. El es la roca firme. El es el sostén de nuestro hogar.