Cuando un ser Amado se Va

En estos días he visto la aflicción de personas al enterarse de la despedida de un ser querido, seres amados con quienes compartieron tantas vivencias.  En el corazón, ésta despedida tan abrupta, se siente como una pérdida. Así es como se le conoce, “pérdida de un ser querido”. Se cuanto dolor se siente, pues lo he vivido en carne propia. Mis abuelos ya no están, amigos que se han ido, pastores también. Padres, abuelos y familiares de conocidos, también se han marchado dejando ese extracto de quienes son, en nuestros corazones. Todos pasamos por ese proceso doloroso. Y todos podemos concurrir en que el dolor de una pérdida de esta índole es indescriptible. No existe palabra en el mundo que pueda hacer de este proceso uno rápido e indoloro.

Si bien ha notado, doy por sentado que todavía siguen existiendo. Hago énfasis en que se fueron, partieron y nos despedimos; no es un adiós, sino un hasta luego, si te alcanzo. Esos seres tan amados y queridos, con virtudes y defectos, al igual que para nosotros, son especiales para Dios. Y el cuerpo que ocuparon en este mundo fue sólo una vasija de barro temporera, para poder ser vistos. En un plano espiritual se encuentran sus almas, en una morada eterna, donde aguardan al momento indicado cuando Dios va a convocarnos a reunión, ante el trono de Su Majestad el Rey (tema que abarcaré en el libro).

Quizás suene a fantasía, o ha algún tipo de fabula diseñada por Hollywood, o quizás Disney. Sin embargo, existe una certeza en el corazón de aquellos que creemos en Dios a que esto es tan real, que no hay quién despinte de nuestro ser, tan anhelado sueño. Es la fe que tenemos en un Dios real y justo que nos dará un lugar en su mansión, para encontrar el descanso en Él.

Hay más que decir sobre este tema, sin embargo, quisiera dar tiempo y espacio.