Contando con la bondadosa ayuda de Dios

Jehová Dios es bondadoso y bueno, su misericordia es sin fin.

Nehemías 2:4-8
¿Qué puedo hacer por ti? -pregunto el rey. [a Nehemías] Entonces, encomendándome al Dios del cielo, respondía al rey: Si a su Majestad le parece bien, y si he alcanzado su favor, pido a Su Majestad que me envíe a Judá, a la ciudad donde están enterrados mis padres, para que yo reconstruya. El rey, a cuyo lado estaba sentada la reina, me contestó: ¿Cuánto tiempo durará tu viaje? ¿Cuándo volverás? Yo le indiqué la fecha, y él aceptó dejarme ir. Además le dije que, si lo estimaba conveniente, se me diera una orden por escrito dirigida a los gobernadores al oeste del río Éufrates, para que me dejaran pasar libremente hasta llegar a Judá; y otra orden escrita para que Asaf, el guardabosques del rey, me diera madera para recubrir las puertas de la ciudadela del templo, así como para la muralla de la ciudad y para la casa donde yo tenía que vivir. Y el rey me lo concedió todo, porque yo contaba con la bondadosa ayuda de mi Dios.

La bondad de Dios hacia sus hijos no tiene limites. Su gracia y favor nos persigue, a pesar de nuestras faltas y pecados, de nuestros malos hábitos, y decisiones fatuas tomadas; aún así Dios es fiel y nos provee de su ayuda para seguir hacia delante y cambiar de gloria en gloria. ¿Alguna vez haz visto la gloria de Dios envuelta en su ayuda en algo que ya no esperabas?

Algo importante que debes hacer en tu vida es encomendarte a Dios. Nehemías, encomendado al Dios del cielo, respondió diciendo que el rey podía hacer por el. El le pidió al rey, luego de haberse encomendado a Dios. Encomienda a Dios tu camino, y el hará. Los deseos de nuestro corazón son cumplidos cuando están encomendados a Dios. Cuando sabemos pedir, pidiendo conforme al propósito de Dios en nuestras vidas, podemos ver la gloria de Dios manifestada.

Jesús oro pidiendo a Dios que le librara de la copa del sufrimiento, sin embargo, ante todo pidió que se hiciera la voluntad de Dios el Padre. Cuando pidamos a Dios recordemos que ante todo nuestro anhelo debe estar ligado al suyo, y si no es así, el suyo debe [siempre] estar por sobre el nuestro.